Para Giddens El Romanticismo como esencia de El romántico del siglo XIX era fundamentalmente un soñador, de metas imposibles. Quería cambiar el mundo y se identificaba con las grandes causas humanas: libertad, patriotismo, justicia, etc. Su característica principal era su afán de libertad en todos los sentidos de la vida: libertad ante la tiranía, libertad ante el dogmatismo religioso, libertad moral frente a los prejuicios sociales y absoluta libertad artística frente a los prejuicios sociales y absoluta libertad artística frente a los preceptos y modelos anteriores. Ya en el siglo XIX se podía comprobar como los movimientos y las tendencias artísticas sucedían más rápidamente que en otras épocas, mezclándose unos con otros en muchas ocasiones. Este fenómeno cobra una gran importancia en el siglo XX europeo. Del mismo modo que se producen con gran apresuramiento los acontecimientos políticos, al igual que la técnica y los descubrimientos científicos progresan de forma vertiginosa, también las tendencias, las escuelas y las corrientes artísticas y literarias se multiplican, sucediéndose con enorme rapidez y suplantándose unas a otras. Durante estos años las modas artísticas suceden con gran rapidez y se influyen mutuamente. El cubismo, el futurismo, el expresionismo, el surrealismo, presentan diferencias entre si, pero, al mismo tiempo, son fruto de una actitud parecida ante el arte y ante el mundo. Las vanguardias provocaron una verdadera revolución en el arte y la literatura. Se llamaban vanguardias porque adoptaron una actitud de combate contra todo el arte pasado, rechazaron cualquier norma o precepto y crearon nuevas e insólitas formas de expresión artística. Por eso, el Surrealismo propuso que el poeta escribiera en forma espontánea, liberado de todas las ataduras racionales, morales y estéticas.